La fiebre murguera que ya se respira de cara al próximo Carnaval 2027 en
Santa Cruz de Tenerife puede convertirse en un arma de doble filo para las murgas del Norte de Tenerife.
Si en la última edición participaron 21 murgas adultas y el cupo oficial está fijado en
24 agrupaciones, el margen disponible es mínimo: apenas tres plazas. Sin embargo, el panorama se complica porque ya se han anunciado tres regresos de formaciones históricas y, además, dos nuevos proyectos se encuentran en fase de ensayo con intención de debutar.
Matemática sencilla, consecuencia compleja
En términos estrictamente numéricos, si las 21 murgas que actuaron este año deciden repetir y se suman los tres regresos, el cupo quedaría completo. La entrada de los dos nuevos proyectos elevaría el número de aspirantes a 26, superando el límite establecido.
Este escenario coloca a las murgas del Norte en una posición delicada. Tradicionalmente, la presencia norteña en el concurso capitalino ha dependido de la clasificación obtenida en su certamen comarcal y de la disponibilidad de plazas. Pero con el cupo prácticamente saturado, cualquier ajuste en la aplicación de las bases podría dejar fuera a agrupaciones que, aun cumpliendo requisitos artísticos, no encuentren hueco administrativo.
Riesgo real de exclusión
La situación abre varios interrogantes:
- ¿Se priorizará la continuidad de las murgas que ya participaron?
- ¿Tendrán preferencia los regresos frente a proyectos nuevos?
- ¿Habrá margen para garantizar representación territorial?
Sin una ampliación del número máximo de participantes o sin bajas voluntarias,
la aritmética no favorece a quienes dependen de una plaza disponible, entre ellas las formaciones del Norte.
Debate sobre el modelo
Más allá de la competencia, el debate vuelve a poner sobre la mesa la estructura del concurso. El límite de 24 murgas busca garantizar viabilidad organizativa y equilibrio en las fases, pero el crecimiento de aspirantes evidencia que el movimiento murguero atraviesa un momento expansivo.
Paradójicamente, la buena salud del sector podría traducirse en exclusión para algunas agrupaciones. Y entre las más expuestas a esa posibilidad se encuentran las murgas del Norte, que observan con preocupación cómo el entusiasmo generalizado puede cerrarles la puerta del escenario capitalino en 2027.
Los próximos meses serán determinantes. Inscripciones, confirmaciones oficiales y posibles renuncias marcarán si la fiebre murguera termina siendo celebración colectiva… o motivo de tensión territorial dentro del Carnaval.


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